miércoles, 5 de marzo de 2025

Entre lo Humano y lo Artificial

A fines de febrero de este año expuse algunas ideas en el panel “Inteligencia Artificial para la ciudadanía: retos y oportunidades” organizado por el Centro de Información Oficial (IMPO), y como se trataba de la reinauguración de una sala que lleva el nombre del escritor y compositor Felisberto Hernández, decidí jugar un poco combinando las ideas que quería transmitir con su obra.

Felisberto escribía sobre lo cotidiano atravesado por lo extraño. Sus relatos presentan un mundo donde la realidad se descompone sutilmente: muñecas que sustituyen personas, objetos que parecen cobrar vida, recuerdos que se transforman en fantasmas de la conciencia. Su literatura es un laboratorio donde lo artificial y lo humano conviven en tensión.

Hoy, en la era de la inteligencia artificial, vivimos una narrativa felisbértiana a escala global. No es la fantasía la que invade la realidad, sino la automatización y los algoritmos los que reescriben las reglas de la existencia humana, pudiendo crear nuevas ideas y tomar decisiones sin intervención de personas. Pero, como en sus cuentos, el verdadero problema no son los objetos en sí, sino la forma en que transforman las relaciones entre las personas.

La inteligencia artificial representa un verdadero desafío, no por poner en riesgo los puestos de trabajo actuales, sino por la velocidad en que se están dando estos cambios. Lo que debemos proteger son las personas y no los trabajos que hoy ocupan, lo cual tiene que ver con dos temas fundamentales: la falta de tiempo para adaptarnos a los cambios, y cómo se distribuirán los beneficios que la automatización genera.

Felisberto retrataba personajes desplazados, existencias que se desvanecen sin que nadie las note. En su universo, el extrañamiento es un destino silencioso. Con la IA, enfrentamos un dilema similar: el avance tecnológico deja a muchos atrás. El problema no es solo la desaparición del trabajo, sino el destino de quienes no logran adaptarse a esta nueva economía algorítmica. ¿Cómo evitamos que la IA profundice una distopía de exclusión?

En "Las hortensias", un hombre sustituye a su esposa por muñecas realistas diseñadas a su medida. Hoy, la IA es moldeada por quienes poseen los datos y el poder. Las grandes corporaciones que diseñan estos algoritmos, ¿están creando herramientas para todos o solo para una élite? Si la IA influye en decisiones sobre préstamos, empleos o seguridad, ¿quién controla estas decisiones y a quién benefician realmente?

Yuval Noah Harari advierte en Nexus que la IA no es solo una tecnología, sino una entidad con capacidad de decidir y generar nuevas ideas. En "El caballo perdido", Felisberto narra cómo los objetos adquieren una existencia propia en la mente del protagonista. De manera similar, la IA ha dejado de ser una simple herramienta para convertirse en un actor que escribe su propio relato. ¿Qué implica para la humanidad ceder la toma de decisiones a sistemas que no requieren nuestra intervención?

Si la IA es la primera tecnología capaz de alterar la evolución biológica al modificar la toma de decisiones a nivel global, ¿qué tipo de humanidad estamos construyendo? Felisberto jugaba con la idea de la identidad fragmentada, con lo humano dividido entre lo real y lo artificial. ¿Nos encaminamos hacia una nueva era donde ambas dimensiones se funden en algo distinto?

La literatura de Felisberto no ofrecía respuestas; nos sumergía en la incertidumbre. De manera similar, la IA nos plantea preguntas sin resolver: ¿a quién servirá realmente? ¿Qué humanidad estamos construyendo con ella? ¿Seremos protagonistas o meros espectadores de una historia escrita por algoritmos?

Así como en sus cuentos lo extraño se infiltraba en lo cotidiano, la IA se ha convertido en un elemento omnipresente que transforma nuestras vidas sin que siempre comprendamos su verdadero impacto. Nuestro desafío, como ciudadanos, no es detener el avance tecnológico, sino garantizar que este futuro sea inclusivo y no solo privilegio de unos pocos.

En un mundo cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo, la inteligencia artificial puede ser tanto un velo que oculta como una herramienta que clarifica. Su potencial no radica solo en automatizar procesos, sino en ayudar a las personas a comprender mejor la realidad en la que viven. Un ejemplo de esto es el trabajo de IMPO para traducir la normativa legal a un lenguaje accesible para toda la ciudadanía.

La IA puede desempeñar un papel clave en hacer más inteligibles los sistemas que rigen nuestras vidas, desde leyes y regulaciones hasta datos económicos y algoritmos de toma de decisiones. Así como Felisberto exploraba lo oculto detrás de lo cotidiano, podemos utilizar la IA para iluminar lo que permanece opaco, asegurando que el conocimiento y la comprensión sean un derecho de todos y no un privilegio de unos pocos.

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